miércoles, 16 de diciembre de 2020

Es inútil el debate de la renta básica en Colombia

Para Daron Acemoglu, economista del MIT, el país no tiene los ingresos fiscales para ello, y apunta que aumentarlos debe ser la prioridad.



Daron Acemoclu, economista del MIT.

Como el resto del mundo, Colombia atraviesa una de sus peores crisis económicas de la historia, pero, a pesar de las necesidades de la población, con el nivel de ingresos fiscales actuales, no tiene sentido un debate acerca de implementar una renta básica en el país.

Esta es una de las principales conclusiones de Daron Acemoglu, economista del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y autor del famoso libro ‘Por qué fracasan los países’, quien dice que aumentar los ingresos fiscales debería ser la prioridad del país.

¿Cuáles serán los principales cambios que traerá esta crisis económica?

Hay dos partes: uno es que la crisis ya ha afectado a la economía mundial, y ha hecho evidente y profundizado la falta de cooperación internacional y la insostenibilidad del pasado respecto a la globalización. Y eso seguirá.

Lo segundo es que ha destacado muchas de las debilidades en desigualdad, falta de prestación de servicios públicos y automatización, y demandará nuevas entidades para enfrentar algunos de estos problemas. No es un tema fácil, pero la covid puede convertirse en facilitador de un cambio institucional, aunque esto puede generar un futuro mejor o, también peor.

Latinoamérica refleja muchos de esos cambios. ¿Qué cicatrices espera para la región cuando se acabe la pandemia?

La pandemia está acelerando tendencias existentes, y Latinoamérica ya estaba sufriendo algunos de esos problemas, como mayor desigualdad, polarización política o informalidad; Colombia, Venezuela y Brasil son patrones de ello, y son factores importantes, que se vuelven un índice de la incapacidad para crear empleos estables bien remunerados. Esto va a hacer que las cicatrices en esta región vayan a ser mucho más graves.

Junto a la fuerte expansión de la pandemia, estos países ya lo estaban haciendo mal en servicios sociales de salud, lo que se extiende a casi todos los países.

¿Cree que América Latina va a salir perjudicada en el reacomodo internacional tras la crisis?

América Latina lo va a tener más difícil, pues los principales cambios son la automatización y la globalización, y la región no es decisiva en ninguno de esos factores. Colombia puede decidir sus importaciones, pero las tendencias se deciden en Estados Unidos, China o la Unión Europea.

Ante esto, lo que necesitamos es que los países de América Latina se den cuenta que necesitan unirse y tratar de tener voz en la mesa donde se discuten temas como globalización, cambio climático o la IA. No es fácil, pero necesitamos que se involucren más en la cooperación internacional.

¿Qué impacto tendrá la automatización en el mercado laboral de América Latina?

Es un proceso que no sucederá de la noche a la mañana, y tampoco estamos hablando de algo que genere desempleo masivo en la próxima década, pero es responsable de parte de la desigualdad y de la desaparición de muchos trabajos.

Creo que es algo que América Latina hoy en día ignora, pues no ve robots en las calles, pero claramente que está llegando y para una economía donde el sector formal ya está bajo presión, esto va a crear muchas tensiones.

¿Este golpe social acaba con el sueño de ser una región de altos ingresos y de tener un estado del bienestar?

No creo. Por supuesto que la pandemia hace que esto sea más difícil, pero los verdaderos desafíos ya estaban desde antes, y los principales son la democracia y que los servicios públicos lleguen a una parte lo suficientemente grande de la población, los cuáles aún están por resolverse.

Incluso, algunos están eligiendo líderes como Bolsonaro o López Obrador, y eso indica que algo no estaba funcionando en las instituciones. Y Colombia no es una excepción, es un país que se ha desarrollado de alguna manera, pero cerca de un tercio del país simplemente se ha quedado atrás, no tiene acceso a ningún servicio básico y con una pobreza rampante.

En Colombia también se necesitan cambios fundamentales para convertirse en un país de ingresos más altos. Es algo que no va a poder hacer con las instituciones y las divisiones que tiene hoy en día, y menos con ingresos fiscales del 10% del PIB. El país tiene muchos problemas y ninguno es generado por la covid-19.

¿Le preocupa que el intervencionismo en la región se conviertan en algo más peligroso?

Lo que me preocupa es que no veo ningún país que esté realmente intentando construir un estado del bienestar, salvo quizá Chile, e incluso algunos lo están desmontando. En Colombia, no veo ningún apetito de crear algo así. Más bien se ven algunos casos para crear un gobierno más personal, y eso es un peligro, pero es diferente.

Un estado del bienestar debe burocratizarse, ser sistemático, proporcionar un acceso equitativo a servicios y construir una red de seguridad social, y no se puede hacer eso con el tipo de instituciones que se ven en América Latina.

¿Qué opina de la opción de crear una renta básica en Colombia?

Cuando no se tiene la capacidad para hacer una red de seguridad social adecuada, tal vez estos sistemas son necesarios para que la población obtenga un ingreso básico, pero es un debate inútil en Colombia, pues el país no tiene los suficientes ingresos fiscales para hacer nada.

Por eso, aumentar esos ingresos debe ser una prioridad para Colombia. Cuando eso se logra, ya se puede entrar en el debate de cuánto destinar a educación, tecnología y atención médica o a las pensiones y, por supuesto, para la población más vulnerable una renta básica. Pero ahora, lo que necesita es un mayor recaudo para hacer algo mejor.

Y estos bajos ingresos también implican que el gobierno no tiene una gran capacidad para obtener préstamos. La crisis fiscal es mucho más probable para América Latina que en Estados Unidos, por lo que el país debe centrarse en ampliar la base impositiva.

¿Qué otras prioridades ve?

La anterior es una de las principales. Luego creo que hay que fortalecer la democracia potenciando el acceso a servicios básicos y, por supuesto, atender los problemas de orden público que vemos.

¿Qué espera en el mundo, la victoria del globalismo o del nacionalismo?

No creo que Joe Biden vaya a revertir esta tendencia, soy muy optimista con su presidencia, pues creo que será un nuevo comienzo para EE. UU., pero hay que ser realista, por eso, creo que la cooperación internacional va a seguir en declive y el nacionalismo seguirá fortaleciéndose.

Recordando su famoso libro, ‘Por qué fracasan los países’, ¿qué marca el éxito de una economía y qué se puede esperar para América Latina?

Han pasado casi 10 años desde que escribimos ese libro, el mundo ha cambiado, pero creo que algunos de los mensajes todavía resuenan. Se apunta a aspectos fundamentales como la calidad y flexibilidad institucional, y América Latina tiene una deficiencia ahí.

Pero la región es más democrática que antes, hay avances y retrocesos, dificultades para emprender reformas, pero también aciertos, y eso hace que Latinoamérica tenga mucho margen de mejora.

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